Es agotador, es complicado, es el quiero y no puedo, el tan cerca pero tan lejos, y a veces simplemente te dices a ti mismo si realmente merece la pena. Y por todos esos “si” que sonaron en tu cabeza, te has recorrido tantos kilómetros, has pasado tantas horas muertas en el avión, te has peleado con tus vacaciones, con tu trabajo y con tu cartera. Y es que ese momento, el momento en que llegas y le ves de nuevo, los viajes largos se hacen un poco más cortos.
Son ganas de renunciar. Porque lo único que os mantiene en contacto es el maldito Whatssapp. Y tú estás harto de convertir tus sentimientos en palabras, que se tergiversan, se ensanchan y estrechan hasta que no las reconoces. Pero es lo único que tienes. Y podéis enfadaros o contentaros, porque el no va a venir a buscarte con una sonrisa ni él con un ramo de flores y un beso. Y te dicen que tienes dependencia de Internet, y vosotros podéis quedar a cenar, pero yo tengo una cita con el Line, tengo que acordar horarios, horas de diferencia y ganas de descansar. Con la cantidad de peces que hay en el mar y yo tuve que irme al océano.
Son ganas de renunciar. Porque lo único que os mantiene en contacto es el maldito Whatssapp. Y tú estás harto de convertir tus sentimientos en palabras, que se tergiversan, se ensanchan y estrechan hasta que no las reconoces. Pero es lo único que tienes. Y podéis enfadaros o contentaros, porque el no va a venir a buscarte con una sonrisa ni él con un ramo de flores y un beso. Y te dicen que tienes dependencia de Internet, y vosotros podéis quedar a cenar, pero yo tengo una cita con el Line, tengo que acordar horarios, horas de diferencia y ganas de descansar. Con la cantidad de peces que hay en el mar y yo tuve que irme al océano.
Y hay días en el que un abrazo bastaría, y te tiene que bastar con un emoticono del móvil. Hay incluso días en los que no podéis hablar, momentos importantes en los que los precios de los vuelos no entran en razón, en el que los problemas se acumulan y lo único que puedes hacer es guardártelos en la maleta. A la espera.
Siempre a la espera.
Pero también hay otros días, días buenos, en su compañía. Días que llevas tanto tiempo esperando, que no sabes cuándo volaron ante tus ojos, y todo comienza otra vez. Días que podrían durar 48 horas, y seguirías sintiéndote con fuerzas para comerte el mundo.
Por eso, cuando te digan que es imposible sobrevivir a un erasmus, que son muchas nuevas experiencias. Cuando te digan que ella va a empezar la universidad y se le abrirá un mundo nuevo. Cuando te digan que él se va muy lejos a trabajar, que va a necesitar a alguien en quién apoyarse, y tú no vas a ninguna parte. Respóndeles exactamente lo mismo, que no te vas a ninguna parte. Y puedes ser su mundo nuevo y en quien apoyarse y con quien vivir experiencias inolvidables. Porque de repente, hay días, en el que todo esto cambia, y la distancia hasta el aeropuerto se convierte en la misma hasta su casa. Porque nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco que fuera imposible. El que quiere, puede, y nosotros somos dos. No tiene que ser ahora, nos conformaremos con un “próximamente”, porque lo bueno se hace esperar. Y mientras, llenaremos nuestra copa, y brindaremos por todo ellos. Por los que no funcionaron, no por la distancia, sino por todo lo demás. Brindaremos por los que aconsejan no tener una relación porque tienen la jodida razón. Y nos vamos a hacer la ola a todos los que lo hemos aguantado o aún lo aguantamos, y no tenemos ninguna intención de dejar de llenarnos la copa.
Siempre a la espera.
Pero también hay otros días, días buenos, en su compañía. Días que llevas tanto tiempo esperando, que no sabes cuándo volaron ante tus ojos, y todo comienza otra vez. Días que podrían durar 48 horas, y seguirías sintiéndote con fuerzas para comerte el mundo.
Por eso, cuando te digan que es imposible sobrevivir a un erasmus, que son muchas nuevas experiencias. Cuando te digan que ella va a empezar la universidad y se le abrirá un mundo nuevo. Cuando te digan que él se va muy lejos a trabajar, que va a necesitar a alguien en quién apoyarse, y tú no vas a ninguna parte. Respóndeles exactamente lo mismo, que no te vas a ninguna parte. Y puedes ser su mundo nuevo y en quien apoyarse y con quien vivir experiencias inolvidables. Porque de repente, hay días, en el que todo esto cambia, y la distancia hasta el aeropuerto se convierte en la misma hasta su casa. Porque nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco que fuera imposible. El que quiere, puede, y nosotros somos dos. No tiene que ser ahora, nos conformaremos con un “próximamente”, porque lo bueno se hace esperar. Y mientras, llenaremos nuestra copa, y brindaremos por todo ellos. Por los que no funcionaron, no por la distancia, sino por todo lo demás. Brindaremos por los que aconsejan no tener una relación porque tienen la jodida razón. Y nos vamos a hacer la ola a todos los que lo hemos aguantado o aún lo aguantamos, y no tenemos ninguna intención de dejar de llenarnos la copa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario