La gente se casa porque se quiere, pero también porque llega un momento en que a uno le apetece gritar a los cuatro vientos que está enamorado hasta las trancas. Y es que un día conoces a alguien en la cola del cine, o en una tienda de discos; y poco después te sorprendes haciendo cosas que jamás pensaste que harías, cosas como juntarle la mantequilla en las tostadas, dejarle tu lado de la cama, o ver una peli romanticona en vez del fútbol.
Cuando te casas lo compartes todo, y lo flipante es que te encanta hacerlo porque has dado en la diana, porque por fin has encontrado al amor de tu vida. Pero cuando te casas con alguien, te casas con todo lo que lleva en la mochila. Todos tenemos una vida anterior al menú degustación. La orquesta, el discurso del padrino... Todos tenemos secretos, secretos que lamentablemente no se esfuman después del "sí quiero"
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