Me dijeron una vez que “lo que fácil empieza, rápido acaba” y no le faltaba razón.

Nos gusta poseer las cosas demasiado rápido, sin sentir el deseo de llegar a tenerlas, saborear ese deseo que nos hace disfrutar más de las cosas. Parece que vivimos en una época en la que tenemos todo lo que queremos, y a quien queremos, una época en la que se acabó el ahorrar para cosas que nos gustan de verdad, en las que ligar es tan fácil como salir un día a una discoteca, decir dos gilipolleces y “conquistar” a una chica. Comprar objetos para desear uno nuevo y mejor al día siguiente; ligues de una noche, o un mes como mucho, amores por llamarlo de alguna forma iniciados sin conocerse de nada. Hemos creado una sociedad donde vivimos rápido, donde los niños quieren tener 18 años para beber, fumar y conducir; donde los jóvenes quieren huir de casa.
Porque no es lo mismo el baile sin la música, la caída sin el grito y el amor sin el deseo.
"Los comienzos dificiles son los que valen la pena"
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