Y es que es así, no me he dado cuenta ni un segundo de que hay problemas mayores por los que llorar, de que dentro de ciertas cosas que me provocan preocupación tengo a personas a mi lado que merecen mi sonrisa. En definitiva, para vivir no puedes obligar a nadie a que te de la mano en el camino, tienes que agarrar fuerte la mano que te cede una persona sin que tú se lo pidas y te acompaña hasta el final del camino, sin dudas, sin importar lo que venga.
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